Diseñando un buen entrenamiento para evitar lesiones, 1ª Parte

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A menudo tendemos a considerar un buen entrenamiento cómo aquél que nos llevará a una meta preconcebida, bien sea de ocio o al más alto nivel deportivo. Sin embargo, un buen entrenamiento debe unir nuestro objetivo con la prevención de lesiones.

Pero no asumamos esto como un mero dogma, vayamos más allá y preguntémonos el por qué. Vale la pena que reflexionemos un poco acerca de este posicionamiento como punto de partida; una lesión en nuestros caballos es algo a evitar, tanto desde el punto de vista ético, como desde el veterinario y el meramente empresarial. Por ello, no basta con las medidas de protección de “evitación” adaptadas en cada caso, como el uso de determinados vendajes o protectores, por ejemplo, sino más allá de esto, es necesario introducir una serie de variables en nuestros entrenamientos que vayan a colaborar activamente en la prevención de lesiones a medio y largo plazo.

La gran capacidad de compensación biomecánica de los caballos es un componente que les ha dotado de una gran ventaja evolutiva: sólo en último término y una vez sobrepasados todos los umbrales biomecánicos se manifestarán determinadas lesiones. Este punto es importante recordarlo pues muchas lesiones pueden aparecer bastantes años después de un determinado tipo de entrenamiento. De esta manera, en muchas ocasiones se vuelve casi imposible el determinar la causa de una lesión y acostumbramos a asumirlas como una desgracia sobrevenida más: podría habernos tocado la lotería pero la ley de Murphy ha hecho que aparezca una tendinitis en la mano de nuestro caballo a solo una semana de la final deportiva que preparábamos durante mucho tiempo. Un analista económico enseguida nos mostrará el carácter anti-económico de no invertir activamente en la prevención de lesiones; en especial en disciplinas como la doma clásica, las preparaciones y progresiones deportivas se vuelven procesos de años en los que, la experiencia del caballo es un gran valor añadido. Una lesión en un caballo que lleva años de entrenamiento y por tanto, miles de horas de trabajo técnico, puede dar al traste con el periodo en el que se pretendía conseguir la “rentabilidad deportiva” del ejemplar.

Parece obvio que, de acuerdo a todo lo expuesto pensemos en diseñar el entrenamiento de nuestro caballo en base no sólo a evitar, sino también a prevenir activamente las lesiones. Así, vamos a exponer a continuación una serie de principios del entrenamiento ecuestre a tener en cuenta para evitar y prevenir activamente las lesiones.

Pista de galope

1.- Entrenamiento adaptado a la edad, nivel de desarrollo y madurez osteomuscular y forma física previa

A nadie se nos ocurriría salir mañana de nuestro sofá para correr una maratón, ni siquiera pretender afrontarla tras tan solo unos meses de entrenamiento y sin embargo, esto se hace en muchas ocasiones con los caballos. La preparación idónea de determinadas pruebas deportivas es una cuestión en ocasiones de años si queremos respetar las condiciones físicas de nuestros caballos. En este punto es necesario traer a colación, aún a riesgo de crear una polémica, el dato de que la mayoría de calendarios deportivos ecuestres en caballos jóvenes son poco o nada coherentes con el nivel de madurez osteomuscular de los potros. Piezas óseas básicas como las vértebras no van a cerrar su desarrollo óseo hasta pasados, de media, los 5 años de edad, por lo que es fácil comprender que en determinadas pruebas de potros quizá sólo podamos enfrentar una prevención activa de lesiones si somos extremadamente cuidadosos en sus entrenamientos y cuidados accesorios como los quiroprácticos y fisioterápicos.

Por otro lado, sabemos que el entrenamiento, en especial cuando se parte de una inactividad previa, va a generar una serie de microlesiones en tendones y ligamentos. Respetar el periodo de cicatrización de estas microlesiones (de 24 a 72 horas dependiendo del tipo de entrenamiento) antes de afrontar un nuevo entrenamiento intensivo, parece una buena manera de introducir un factor de protección activo en nuestros caballos. Y ¿entretanto?, ¿paramos?, pues no, no hace falta porque el caballo lo que necesita es una gran variedad de trabajos físicos para convertirse en un atleta versátil, lo que nos llevará al siguiente punto. Un futbolista de élite no sólo se pone en forma jugando al fútbol y, análogamente, pretender que nuestro caballo sólo se ponga en forma con la práctica de una única actividad deportiva generará caballos con una preparación física incompleta.

Son muchos los autores, y no sólo veterinarios como Gerd Heuschmann, sino por ejemplo el afamado jinete Klaus Balkenhol, quiénes empiezan a reflexionar acerca de la idea de que pretendemos ir cada vez más rápido con nuestros caballos en una carrera sin fin: ¿aceptaríamos ver a un niño de 8 años con el cuerpo de un culturista?, ¿qué podemos esperar de un potro de 3-4 años?. El debate está servido.

2.- Entrenamiento variado, sistemático, metódico y completo

Se considera que un entrenamiento es completo cuando abarca la totalidad de las competencias físicas cuantitativas (fuerza, resistencia, velocidad y flexibilidad) y cualitativas (*propiocepción) del movimiento. Un entrenamiento que no es completo es siempre un entrenamiento que aboca antes o después a una lesión. A modo de ejemplo, es muy típico caballos con altos niveles de doma que disponen de una pésima propiocepción y que acaban lesionándose de la manera más absurda en un paseo por el campo. Hubiese bastado en este caso con trabajar desde el principio en ese potro la propiocepción y con ello, equilibrio, posición y postura, etc. Además, la ventaja del entrenamiento de parte de estas habilidades físicas como la flexibilidad o la propiocepción es que son perfectamente intercalables en casi cualquier entrenamiento con mínimos riesgos y suponen una manera excelente de ofrecer variedad al joven potro con mínimos riesgos y suponiendo una gran inversión de futuro: al fin y al cabo un caballo que sabe dónde están sus extremidades en cada momento y cómo jugar con su equilibrio va a evitar muchas lesiones.

*La propiocepción es el sentido que informa al organismo de la posición de los músculos, es la capacidad de sentir la posición relativa de partes corporales contiguas

En el próximo número analizaremos la importancia de cada una de las competencias físicas de nuestros caballos en la prevención de lesiones y nos detendremos a hablar más acerca de otros puntos importantes en este tema. Hasta entonces, propongámonos un sencillo ejercicio de reflexión y autocrítica: ¿es completo y variado el entrenamiento de mi caballo?.

 

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Mario Soriano

Veterinario, quiropráctico y osteópata.
http://www.quiroequus.com

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