Los caballos albinos… ¿existen?

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Los caballos albinos, de capa blanca, piel rosada y ojos azules, siempre han sido considerados una raza con un defecto genético que les aporta este color tan característico; pero la experta en genética Monika Reissmann asegura que los albinos no existen.

Monika Reissmann, directora del centro de biología molecular de la Universidad Humboldt de Berlín (Alemania), explica que “si los caballos presentan genes recesivos (gen de dilución), como los palominos o los ruanos, pueden también impactar sobre el color de los ojos, pero no necesariamente”. La claridad de los ojos depende de la cantidad de pigmentos que tienen, es decir, de las melaninas. Es por eso que los palominos pueden tener los ojos oscuros aunque presenten el gen de dilución. Por su parte, los caballos píos o con un doble alelo de aclaración, como los que tienen el gen crema o perla, suelen tener los ojos azules porque crean menos pigmentos de color.

Por este motivo, Reissman afirma que “no hay caballos albinos, ya que en los animales albinos el iris no genera pigmentos de color: como el globo ocular no lleva color, la sangre trasluce y el iris parece de color rojo“. Por ese motivo explica que “son llamados albinos erróneamente, porque si bien tienen la piel rosada, los ojos son azules o incluso marrones”.

Los llamados caballos albinos comenzaron su evolución en Europa, llegando a los Estados Unidos a lo largo de los siglos XVI y XVII a través de los colonos, pero no fue hasta 1937 cuando fueron reconocidos como raza, los “American Albino Horse”. Se caracterizan por tener la capa blanca o de color lechoso y los ojos azules.

Se trata del cruce entre un caballo de sangre caliente con uno de sangre fría, dando lugar a un animal de gran temperamento y versatilidad. Son de complexión grande, generalmente de altura entre 150cm y 160cm y un peso entre 400kg y 500kg. La cabeza y las patas son grandes, aunque de carácter es tranquilo.

 

Debido al color de sus ojos, pueden sufrir de diferentes afecciones oculares, ya que su retina no soporta una entrada de luz excesivamente fuerte ni por mucho tiempo, por lo que será importante mantenerlos protegidos del sol directo, especialmente en las horas centrales del día.

 

 

 

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Laura Ventura

Licenciada en periodismo Master en RRPP y gabinetes de comunicación UAB Redactora especializada en comunicación ecuestre.

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