Bent Branderup y la escuela moderna de la reunión (parte I)

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Bent Branderup es considerado uno de los más grandes maestros de equitación de nuestro tiempo. La escuela del arte ecuestre académico fundada por él (Academic Art of Riding by Bent Branderup) está experimentando actualmente un auge enorme en Europa. En esta entrevista, Bent explica qué hay detrás del nombre sofisticado de esta escuela y por qué las técnicas de equitación practicadas hace siglos son tan interesantes para el jinete de ocio moderno.

¿Desde cuándo existe el arte ecuestre académico?

Bent Branderup: La mayoría de las universidades de Europa fueron fundadas en su momento como academias ecuestres, donde se enseñaba el arte de la equitación como una de las asignaturas principales igual que las matemáticas o el latín. El propósito original del arte ecuestre académico ha sido la escuela de reunión para la lucha cuerpo a cuerpo a caballo. Más tarde, el arte ecuestre académico perdió importancia, ya que la caballería empezó a poner más énfasis en el movimiento hacia delante que en la reunión. Por ello, el auténtico arte ecuestre académico se siguió desarrollando más bien gracias al trabajo de maestros individuales como, por ejemplo, Egon von Neindorff. También algunas familias aristocráticas adineradas, como la familia Domecq, en España, o la familia Andrade, en Portugal, emplearon jinetes que siguieron la tradición académica.

¿Qué relevancia tiene el arte académico en la actualidad?

A mi parecer, desde el punto de vista de la ética y la biomecánica, el arte académico de la reunión es mucho más interesante para el jinete de ocio moderno que la manera de montar desarrollada a partir de las prácticas de la caballería. En la actualidad, las personas están mejor formadas intelectualmente, formulan preguntas y quieren saber lo que están haciendo. Un alumno de estas características pierde el respeto hacia un instructor de equitación clásico que no sabe contestar a esas preguntas. Los que seguimos el arte académico queremos entender lo que estamos haciendo. Hoy en día, tenemos la ventaja de poder basarnos en la investigación científica, como por ejemplo, la medicina deportiva o la pedagogía, para comprobar o, en su caso, desmontar las teorías de los antiguos maestros o las técnicas que simplemente se han traspasado de generación a generación que siempre se han hecho de una cierta manera tan solo por la tradición. Esto, naturalmente, sin cuestionarlas jamás. Naturalmente, esto no significa que hoy en día tratemos de practicar o escenificar la lucha cuerpo a cuerpo a caballo al estilo barroco, pero podemos aprender técnicas eficaces y prácticas de la escuela de la reunión.

Bent realizando un espalda adentro con el caballo Swan (foto: Gorm Branderup)

Has sido, entre muchas otras cosas, discípulo de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. ¿Qué es lo que aprendiste allí?

He tenido la suerte de llegar a la escuela de Jerez cuando se encontraba todavía en sus inicios. Ni siquiera se habían terminado del todo los edificios. Era un tiempo de euforia, de nuevos proyectos, la escuela estaba en el proceso de formar sus primeros alumnos propios. En aquellos tiempos, cada instructor se cuidaba de tan solo un alumno. Como yo no sabía ni una palabra de castellano y mi aspecto físico también se diferenciaba algo del alumno promedio, al principio nadie me quería aceptar como alumno. Pero, al final, el director técnico de la escuela e instructor jefe Don Javier García Romero dijo: —Vale, entonces yo me hago cargo de él—. Esto fue, creo yo, una gran suerte para mí. Don Javier se convirtió en mi ídolo, además de ser un amigo paternal. Era un pedagogo que daba importancia a la persona permitiendo la manera de hacer individual de cada alumno. Por ejemplo, en aquellos tiempos, el ejercicio de la Quadrille era bastante divertido, ya que todos los jinetes tenían un estilo de montar diferente e interpretaban el ejercicio de manera distinta. Montamos en compañía de miembros de antiguas familias aristocráticas que aportaban sus tradiciones familiares. Esta variedad y expresión individual eran, en mi opinión, artísticamente mucho más interesantes que las representaciones uniformadas que solemos ver en la actualidad.

¿Qué tenía de especial Don Javier para convertirse en tu ídolo?

Era un hombre increíblemente simpático y amable. Para él era muy importante ser amigo de todos, y realmente lo era. Hace falta sentir sintonía para aprender algo de otra persona. Lo mismo vale para la relación entre humano y caballo. La sintonía hace que el alumno pueda abrirse para recibir la información. Cuando se experimenta una persona como Don Javier, con ese trato tan fino con el caballo, un alumno no puede hacer otra cosa que intentar imitarlo. Hoy en día, hay jinetes jóvenes que practican un montón de cosas que en aquel entonces no se hubieran aceptado de ninguna manera. Para poder montar un espectáculo de forma rápida, se aceptan rudezas que antes hubieran sido consideradas graves faltas culturales entre los altos círculos ecuestres. El macho que quiere mostrar su dominio a costa del caballo, era una figura muy mal vista en aquella época.

¿Cuáles son los primeros pasos en el arte ecuestre académico?

El primer paso es el deseo del jinete de aprender realmente desde la base. Se empieza con entrenar la vista para poder ver la biomecánica del caballo. Cuál es, por ejemplo, el apoyo correcto para cada aire del caballo. Claro está, si la pista después del entrenamiento presenta el aspecto de un campo lleno de impactos de granadas de mano, evidentemente hay algo que va mal con los apoyos. Hay que aprender a distinguir la biomecánica correcta del caballo de los «pataleos» completamente antinaturales. A continuación, se aprende a tratar al caballo con pedagogía. Todo esto se hace pie a tierra. Empezamos con el trabajo desde el suelo y la forma académica de dar cuerda al caballo que se diferencia bastante de la forma habitual.

¿Y en el trabajo montado?

Cuando montamos se trata de establecer o mantener la misma comunicación lograda desde el suelo. Para el jinete académico, el asiento es la ayuda principal. La meta final es poder comunicarlo todo al caballo tan solo mediante la ayuda del asiento. Consideramos secundarias todas las ayudas más allá del asiento. Entonces, si, por ejemplo, intento iniciar un giro sobre los delanteros usando mi asiento y el caballo no responde a esta ayuda puedo enseñarle la fusta como señal. La fusta no tiene porqué tocar al caballo, sino tan solo hacerle comprender lo que acabo de explicarle mediante el asiento. Naturalmente, le he enseñado al caballo todas las ayudas secundarias con anterioridad en el trabajo pie a tierra. Por ello, el trabajo desde el suelo se centra, en primer lugar, en la comunicación corporal para instalar a continuación las ayudas secundarias.

Los jinetes académicos montan sin tensión en las riendas. ¿Cómo funciona eso?

El hombre moderno piensa que el caballo es como una bicicleta que se dirige por el manillar. Pero las bocas de los caballos no son manillares de bicicleta. El jinete académico nunca dirige a su caballo a través de la boca del animal. Son los posteriores los que dan dirección al movimiento, al dirigir el pecho del caballo. La boca no tiene ninguna parte en esto, lo que significa que nuestra meta final ha de ser el control de los posteriores del caballo, ya que la fuerza que producen se encarga de dar una dirección al pecho y con ello a todo el cuerpo del caballo.

Bent realizando una elevada con el caballo Zarif (foto: Katrine Branderup)

El arte ecuestre académico está experimentando un auge enorme. ¿Tienes alguna explicación para eso?

Actualmente, el alumno moderno tiene un nivel de educación más elevado. Está acostumbrado a aprender con libros y analizar los problemas. Nuestro alumno típico es una persona que tiene algún problema con su caballo y ya ha intentado resolverlo sin éxito con muchos conceptos diferentes. Nuestro concepto pedagógico facilita, bajo la supervisión de instructores experimentados, a entender el problema lógicamente y, sobre todo, a resolverlo por medios propios. Naturalmente, para ello hace falta que la persona esté dispuesta a aprender realmente desde la base. En este punto, a menudo perdemos a aquellos clientes que creen que todo se consigue con dinero. El arte ecuestre académico es para los que estén dispuestos a explorar por sí mismos y aprender a autoeducarse.

¿Cuáles son tus objetivos actuales con el arte ecuestre académico?

Existen dos vías: por un lado, se trata de redescubrir el valor cultural del arte ecuestre académico mediante una especie de arqueología experimental. En este aspecto, queremos llegar a lo más alto, hasta la realización de los ejercicios más sofisticados. Por el otro lado, también nos interesa darle al arte ecuestre un lugar apropiado dentro del mundo actual. Vemos muchos caballos que lo pasan muy mal. Hay muchas personas que se pueden permitir el lujo de comprar caballos con puros fines recreativos, pero nos faltan instructores experimentados. En este campo existe una gran necesidad de aprendizaje. Son muchas las personas que tratan con caballos sin tener ni idea. La cultura no cae del cielo y no viene implícita con el bienestar económico. En la gran mayoría de los casos, la persona no perjudica a su caballo intencionadamente, pero su falta de conocimiento es a menudo la causa del sufrimiento del animal. Si queremos hacer algo bueno para los caballos, tenemos que formar a las personas para que puedan ampliar sus conocimientos en materia equina empezando por cosas tan básicas como la nutrición, las condiciones del espacio vital del caballo o el cuidado de los cascos. El jinete de ocio moderno que quiere pasar ratos felices con su caballo necesita un contenido para el tiempo que pasa en su compañía.

Traducción Regina Richlin.

About Author

Raya Hauri

Formada en la monta de caballos de aires (caballos islandeses), estudia y enseña el Academic Art of Riding http://www.pieatierra.com

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