II La Cuerda, ¿entreno o tortura?

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Antes de empezar este articulo me gustaría poner en encima de la mesa un par de realidades. 

La primera es que en general, en todos los gremios, hay mil un modos de hacer las cosas. En nuestro mundo, los caballos se pueden entrenar de mil y una maneras, son seres tan bondadosos que harán ejercicios para hacernos felices incluso aunque estos vayan en detrimento de su bienestar físico, mental o emocional.

El caballo siempre intentará complacerte, y si no lo hace se debe a que:

A: no nos entiende 

B: no se lo estamos comunicando bien  

C: está respondiendo correctamente, pero nosotros no somos conscientes de lo que le estamos pidiendo (sea con nuestro cuerpo, mente o ambos).

A partir de aquí depende de nosotros estudiar, informarnos y hacer las cosas bien; y por bien me refiero a por el bien de nuestro caballo, a por un bien físico y mental, y aunque esto nos cueste de admitir, muchísimas de las técnicas y métodos que hay en el mercado, contemplan el mundo del caballo con la mirada fija en el bolsillo de unos cuantos y poco en las necesidades de los caballos.

Se vende cualquier cosa sin realmente importarles cómo esto afecta a los caballos; aquí estoy hablando de entrenamiento, pero podríamos ir al sector de la alimentación equina ( por cierto, casi todos los piensos que hay en el mercado no son buen alimento para nuestros caballos, aunque los vendan como tal), en el mundo de las embocaduras, filetes y bitless, sillas, veterinaria, suplementos… es infinito.

Existe un modo de hacer negocios, en el que lo último que se tiene en cuenta es aquel para el que compramos el producto (también eso pasa en el mundo de los niños, por ejemplo, todo está pensado para facilitar la vida a los adultos sin importar el impacto que ciertos alimentos, juguetes o tradiciones educativas tienen en nuestros peques…pero eso lo dejo para los que entienden del tema, yo, solo soy madre…)

Bambino en un momento de desequilibrio; esta foto nos va perfecto para educar nuestro ojo, caballo cayéndose hacia la espalda de afuera debido a que su galope, por aquellos tiempos,  no era lo suficientemente reunido para poder trabajar a gusto en un círculo de menos de 10 metros

La segunda, que los caballos hagan los ejercicios que se les pide de forma obediente, casi robótica, pero sin luz en los ojos, para mí, no implica a caballos bien entrenados. Para mi ese tipo de caballos son caballos que se han resignado a los deseos humanos; bien porqué los métodos de entrenamiento lo exigen o porque están tan aborrecidos de la vida que se les presenta, que al final, cómo no, obedecen, pero están «shut down» (encerrados y alienados en su propio mundo interior).

Porque los caballos son animales tranquilos y pacíficos, la mayoría de ellos se resignan. Se resignan a la repetición de los ejercicios una y otra vez; se resignan a las bruscas manos de los jinetes; se resignan a las pérdidas de equilibrio de quienes los montan, y que en cuando los quieren salvar de una caída se llevan un fustazo; se resignan a la presión, ya sea física o emocional de los entrenadores y propietarios que no saben lo que son los signos de calma; se resignan a que se les ate y que no se les escuche; se resignan a soportar dolores de espalda, a ir cojos y que nadie se dé cuenta; se resignan a que se los trate como niños y no como caballos; se resignan a lo ruidosos que somos los humanos y aprenden a refugiarse a su interior porque lo único que quieren es paz: eso en el mejor de los casos, cuestionable calidad de vida si me preguntas a mí, para poder sobrevivir. 

Luego están los otros, los que son considerados malos, locos, demasiado sensibles o incluso peligrosos, estos son los que ya cansados de resignarse y de intentar comunicarse con nosotros nos mandan a paseo.

Aquí el mismo caballo y el mismo día, en trote y con total equilibrio; la mano derecha va en rotación para el interior del círculo, ayudando así a que no se caiga hacia la espalda de afuera (tal y cómo nos pasaba en la foto anterior con el galope)

Estos son los que pasan de mano en mano, forzados a sucumbir en al ego y la fuerza de diferentes entrenadores, y en la mayoría de los casos acaban, dónde tu y yo ya sabemos, todo, por nuestra incompetencia humana, todo por ser demasiado ruidosos y por no saber escuchar al que ,según decimos, tanto queremos.

Volviendo al primer punto de este artículo, lo primero que tenemos que hacer a la hora de dar cuerda (o en cualquier interrelación con los equinos) es estar quietos (interiormente hablando), pausados, con los pies en el suelo, firmes y enraizados (pero sin una estancia amenazadora, recordad que somos carnívoros a los ojos de nuestros caballos, y confiar en un carnívoro, si eres un herbívoro, es algo complicado), con una respiración profunda, y atentos, atentos a lo que nos están diciendo. Y des de ese lugar empezar un baile en que los dos estemos conectados y en el que se pueda descansar y respirar tan a menudo como se necesite.

Empecemos siempre despacito, al paso, intentando sincronizar nuestra respiración con su andar; escuchar si está receptivo, si su respiración se aquieta, si su cabeza desciende y su cuello se alarga; si los pasos se extienden y si empieza a resoplar (indicación de que se está relajando); cambiemos de mano; lo mismo, observemos y respiremos, se relaja de la misma forma que a la otra mano o necesita más tiempo?; se distrae y está mirando a los alrededores? tu sigue respirando y no pierdas la concentración en él; sigue pidiéndole que vaya andando, prémialo cada vez que intente relajarse, cada vez que resople, cada vez que su oreja esté centrada en tí; prémiale con tu voz, anímale a que siga adelante, prémiale con tu corazón.


Cambia de mano otra vez, otra vez al paso, obsérvale, y no dejes de respirar, recuerda que algún signo de tensión en tu cuerpo y/o mente se va a reflejar en su cuerpo y mente; desencaja la mandíbula y respira otra vez, escucha tu cuerpo por si hay cualquier tipo de tensión, sacúdetela, cuando creas que los dos estáis relajados de nuevo, con el cuello largo y la cabeza gacha (pero por delante de la vertical) pídele, de una forma relajada y casual, que salga al trote; si no te entiende, repíteselo, igual, pero no con las ayudas más fuertes, y cuando al final salga al trote, prémiale con tu voz y tus caricias.

Si ha mantenido la cabeza y cuello relajados durante la transición, has hecho un buen trabajo, date un par de palmadas en la espalda (metafóricas) pero no dejes de prestarle atención. Si durante la transición ha habido una pérdida de conexión, equilibrio o ritmo, no te preocupes, no intentes corregirl@, respira y vuelve al paso… relajaros, respirad y cuando encontréis de nuevo el punto de equilibrio, volved a empezar de nuevo.

Recordad, los caballos no aprenden con la presión, aprenden cuando les liberamos de la misma… cuando más rápida sea tu respuesta al dejar de presionar a tu caballo, más deprisa aprenderá y más bonita será la conversación.

Estar conectados y trabajar la conciencia corporal y la respiración es duro para los humanos, sobre todo cuando se empieza. Termina la sesión antes de que estés demasiado cansad@ y pierdas el foco con tu caballo.

Recordad, buscamos la calidad, buscamos una relación de amistad de igual a igual, buscamos respeto mutuo y, sobre todo, lo que buscamos es pasar tiempo de calidad y felicidad al lado de nuestros caballos.

Al final de la sesión, los dos deberíais estar en Nirvana, relajados y descansados; felices de haber bailado juntos, con vuestro cuerpo lleno de endorfinas y con una sensación de bienestar y ligereza, Y repito: LOS DOS deberíais sentiros por igual.


About Author

Iris Ferre Barcelo

Fundadora de Symbiosis
BHS Coach (BHSIV)
Terapeuta deportiva para Equinos (Equinology)
Instructora de Mindfulness, Etologa
info@symbiosis.cat

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