Przewalski, el último caballo salvaje

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El caballo de Przewalski es la única subespecie salvaje de caballo que existe en la actualidad, del que quedan apenas 1.500 ejemplares en todo el mundo, la mayoría en Mongolia.

Algunos de los llamados comúnmente caballos salvajes que existen actualmente, como los Mustang en los Estados Unidos o los Brumby australianos, en realidad son descendientes de animales domesticados aunque reintroducidos en el ámbito salvaje. Como los Przewalski nunca han sido domesticados, son en realidad la única subespecie de caballo salvaje que queda, a pesar de que hay otras especies de equinos en estado salvaje, como algunas cebras o asnos determinados.

El Przewalski, también conocido como caballo salvaje mongol o takhi, casi fue extinguido a mediados del siglo XX, pero, afortunadamente, un grupo de naturalistas consiguió recuperarlo. Aun así, el estado del Equus ferus Przewalski actualmente es crítico, ya que sólo quedan unos 1.500 ejemplares en todo el mundo, localizados principalmente, en el Parque Nacional Hustai (Mongolia), el Parque Nacional Kalamery (China) y en algunos parques zoológicos de otros países.

De tamaño pequeño pero robusto

Los caballos Przewalski tienen los ojos un poco achinados y el morro convexo (curvado hacia afuera), a diferencia de los caballos domésticos, que lo tienen cóncavo. Son caballos pequeños: suelen medir entre 1,22 y 1,42 m a la cruz y poco más de dos metros de largo, y su peso medio es de 350 kg una vez llegan a la edad adulta. Tienen las patas más cortas y la cabeza más grande en proporción al resto del cuerpo, el cual es fuerte y de estructura maciza. Su pelaje también es fuerte y corto, de color amarillento y marrón oscuro en ciertas partes del cuerpo, así como blanco en el hocico. La cola y la crin (siempre erecta) son oscuras o negras, igual que una línea que les recorre el cuerpo de la cruz a la cola.

A nivel genético, el Przewalski también se diferencia del caballo doméstico: tiene 66 cromosomas frente a los 64 de otras especies de caballos. La secuenciación de su ADN determinó, de esta forma, que el Przewalski no es el antecesor del caballo doméstico. Los estudios de la diversidad genética de esta subespecie también sirvieron para ver cómo de satisfactoria sería su reintroducción en estado salvaje.

Los Przewalski viven en manadas, generalmente permanentes durante años, dirigidas por un semental y compuesta por varias yeguas con crías de menos de dos años. Llegados a esta edad, los potros abandonan el grupo: por un lado, los machos intentan formarse su propia manada o arrebatársela a otro semental y, por el otro, las hembras se unen a otros grupos para garantizar el intercambio genético de la descendencia. De igual manera que hacen los caballos domésticos, los sementales guían y defienden al resto de miembros de la manada, mientras que las yeguas suelen ejercer el liderazgo dentro de la familia.

El caballo de la Prehistoria

Esta subespecie de caballo era muy común en gran parte de Asia durante la época llamada Pleistoceno (correspondiente con el Paleolítico arqueológico), hace 2,5 millones de años. En Europa vivía una especie muy similar, el tarpán, la que encontramos en las pinturas rupestres de países como Portugal, Francia o España, aunque fue extinguida en el siglo XIX.

Hacia el 3.000aC, parece ser que el Przewalski se domesticó por primera vez en las praderas de Asia Central. De ahí surgieron varias subespecies de caballos domésticos asiáticos, como el caballo mongol. Debido sobre todo a la caza y a la competencia con otros animales domésticos por el agua y la comida, la población salvaje de Przewalski se fue reduciendo con el tiempo.

Ya en 1879, el general ruso de origen polaco Nikolái Przhevalsky, un explorador y naturalista aficionado, descubrió la subespecie que fue bautizada en honor a su apellido – la adaptación a Przewalski es por la pronunciación polaca. Aunque en el siglo XV Johann Schiltberger había documentado en su diario de viaje los primeros avistamientos en Mongolia, el descubrimiento fue mayoritariamente atribuido al polaco. Si bien en 1881 se la caracterizó como una nueva especie, llamada Equus przewalskii, al poco tiempo se rectificó por ser una subespecie del caballo doméstico. A principios del siglo XX, los Przewalski habitaban en varias zonas del este de Kazajistán, Mongolia y el noroeste de China y fue entonces cuando se comenzaron a capturar numerosos ejemplares para trasladarlos a zoológicos europeos, especialmente de la mano de Carl Hagenbeck. Es por ello que, en pocas décadas, la población salvaje de estos caballos se redujo drásticamente. De hecho, en 1967 unos pastores mongoles avistaron la última manada salvaje, que contaba apenas con 12 o 15 ejemplares, y fue en 1969 cuando se vio un ejemplar vivo en las estepas de Mongolia por última vez.

En esa época, sólo quedaban dos grupos en cautividad en los zoos de Múnich (Alemania) y Praga (República Checa), y es que durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados alemanes acabaron con un grupo muy valioso en Ucrania. De nuevo, la competencia entre especies por la supervivencia, el impacto de los humanos y los fríos inviernos de las décadas de los años 40 y 50 se consideran las principales causas de la enorme disminución de la población de los Przewalski.

Un gran esfuerzo para la recuperación del Przewalski

Ante esta situación, en 1977 se creó de la mano de Jan e Inge Bouman la Fundación para la Preservación y Protección del Caballo de Przewalski en Rotterdam (Países Bajos), la cual inició un programa para intercambiar animales entre diferentes zoológicos y aumentar, así, su escasa variabilidad genética. Fue en 1992 cuando se reintrodujeron de manera exitosa 12 ejemplares en el suroeste de Mongolia, en una zona que se convirtió en el Parque Nacional Hustai al cabo de seis años. También en China, a finales de los 80, se lanzó un programa para recuperar esta subespecie en cautividad. Así, a principios del siglo XXI se consiguieron reintroducir otros grupos en la zona del desierto del Gobi, entre China y Mongolia, por la Asociación Takh. También el zoo de Praga ha transportado varios animales a Mongolia y sus planes son seguir haciéndolo en un futuro, en el marco del proyecto Return of the Wild Horses.

Además de los zoológicos, existen reservas naturales especializadas en la conservación de las especies. La mayor a nivel mundial de caballos Przewalski está en Ucrania, concretamente en Chernóbil, donde la población de estos animales se reprodujo de manera notable, a pesar de que en la actualidad quedan unos 30-40. También en los Estados Unidos se están aprovechando los recientes avances científicos en reproducción equina como potencial herramienta para la preservación y desarrollo de la especie. De hecho, en 2007 se llevó a cabo la primera vasectomía inversa en un Przewalski y, posiblemente, la primera operación de este tipo en especies en peligro de extinción. El primer nacimiento por inseminación artificial de un Przewalski tuvo lugar en Julio de 2013 en el Smithsonian Conservation Biology Institute.

En 2011 y gracias a estos programas de conservación, ya se contaba con más de 300 caballos en estado salvaje y la clasificación de la especie pasó de “en peligro crítico” a “en peligro”. Si bien éstas son buenas noticias (considerando que en 1996 se clasificó como “extinto en estado silvestre”, cuando había menos de 100 individuos en zoológicos alrededor del mundo), actualmente la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (IUCN) sigue considerándoles en una situación crítica en su denominada “lista roja”. Aún queda trabajo por hacer.

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Laura Ventura

Licenciada en periodismo Master en RRPP y gabinetes de comunicación UAB Redactora especializada en comunicación ecuestre.

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