Entrenar a tu caballo no es lo mas importante

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Aunque por el título no te lo parezca, toda mi vida gira en torno al entrenamiento equino. Hace años que dejé cualquier otra cosa que pudiera formar parte de mi vida para enfocarme al cien por cien en el entrenamiento de caballos.  Me acuesto y me levanto estudiando sobre este tema y la mayor parte del día me la paso haciendo ejercicio con ellos.

A veces no sé si yo les entreno a ellos o son ellos los que me entrenan a mí, pero lo cierto es que sobre todo ahora, en estas jornadas interminables de verano en las que tenemos luz solar hasta las diez y media, son muchas las horas que pasamos juntos haciendo ejercicios de toda clase, desde los más clásicos de pista hasta otros más intensos y específicos por el campo. 

Reconozco que desde fuera puede parecer algo casi enfermizo, pero lo cierto y verdad es que mi teléfono está lleno de podcast’s sobre entrenamiento, mi biblioteca no para de engordar con libros de la materia y este artículo, lo estoy escribiendo un domingo por la mañana, y en cuanto lo acabe, acudiré como cada día, puntual al entrenamiento de mis caballos. El único tiempo que le robo al estudio y práctica del entrenamiento de caballos, es para entrenar mi propio cuerpo, algo fundamental si queremos ser jinetes equilibrados, sensibles y precisos en todo cuanto hagamos con los caballos, y por supuesto, por una cuestión puramente ética: ¿Cómo voy a pedirle al caballo algo que no me pido a mi?

Por lo tanto, no creo exagerado decir, que en España, dudo que haya alguien que le dedique más horas a este tema que quien escribe estas palabras, lo cual puedes comprobar en mi página web, donde llevo escribiendo desde hace siete años, o en mis redes sociales, donde cada día prácticamente comparto noticias y novedades sobre este asunto al que no le veo fin.

Y por ello, me considero capacitado para decirte, que entrenar tu caballo, no es lo importante, aunque a ti te parezca que sí.

Dos de mis caballos, ambos presentaban un déficit muscular importante antes de estar conmigo, especialmente la yegua alazana, que llegó en los huesos. Siempre me preguntan «¿qué entrenamiento les das para que se pongan tan fuertes?» y mi respuesta es siempre la misma: «Yo les doy ejercicio durante menos de una hora al día». El resto, lo hacen ellos solos.» Por lo tanto, el 90% del mérito es de ellos y gracias al movimiento que generan, lo cual hace que sus músculos y todo su cuerpo esté totalmente receptivo al entrenamiento que les doy. Yo simplemente añado un plus con ciertos ejercicios que ellos nunca harán por si mismos, como ejercicios de coordinación, de movilidad articular, trabajo anaeróbico, etc.

Recibo muchas consultas cada mes, y la enorme mayoría, son sobre entrenamiento.  Decenas de personas que están preocupadas por saber si el entrenamiento que le dan a sus caballos es el más adecuado, si tienen que entrenar más días, qué clase de entrenamiento dar a su caballo tras una lesión, qué ejercicios son los más adecuados para el dorso… parece que todos los propietarios de caballos se preocupan por el entrenamiento de sus caballos, y eso, a priori, es lo correcto…pero solo a priori.

El problema viene de que le damos una excesiva importancia a algo que no la tiene (el entrenamiento) y dejamos de lado algo que tiene muchísima más importancia: el movimiento y actividad generales del caballo a lo largo del día, es decir, el poder hacer mínimamente una cantidad de ejercicio moderado y activar los músculos de su cuerpo suavemente durante un cierto tiempo, y que es ante lo que su fisiología mejor responde.

Recordemos, que en la Naturaleza y durante miles de años, antes de que fuera un animal dedicado al ocio y al deporte, el caballo nunca tuvo necesidad de “entrenarse”, por la sencilla razón de que su vida diaria era su propio entrenamiento. Caminar en busca de forraje y agua, suponía ejercitarse continuamente, y de este modo y sin ninguna carrera ni ningún sobre-esfuerzo, los caballos se podían hacer en un día un mínimo de diez/doce kilómetros y a veces hasta treinta. Si un posible peligro aparecía, como un depredador, el caballo desplegaba toda su potencia e intensidad para huir o repeler el ataque, entrando claramente en umbral anaeróbico por un cierto tiempo, y en cuanto pasara el peligro, vuelta a la normalidad, es decir, movimiento lento y continuo, en ritmo aeróbico muy bajo.

Entrenamiento montado usando el sistema Equicore. Cuando un caballo tiene satisfechas sus necesidades básicas de movimiento, podemos centrarnos en darle entrenamientos concretos y específicos. En este caso subida de cuesta al trote en series cortas, con intervalos de descanso y complementado con el sistema Equicore para el remetimiento por igual de posteriores y estímulo de la musculatura abdominal.

Otra fuente de ejercicio, eran los juegos, que no se dan solo entre los potros, sino incluso en adultos y en los rituales previos a la reproducción. Tanto los juegos como las ceremonias  previas a la cópula por parte de machos y hembras, solían ser intensos, y más o menos largos, pero en tales casos es poco frecuente el cruzar el umbral anaeróbico, y en caso de hacerlo, sería por poco tiempo.

Así pues, si nos fijamos, el caballo en libertad y en el campo se pasa la mayor parte del tiempo ejercitándose continuamente pero a muy baja intensidad, con picos muy cortos de alta intensidad (huida antes posibles peligros y juegos), y por lo tanto, ese tipo de ejercicio es el que su cuerpo espera y ante el que responde mejor. Bien, y ahora volvamos a la realidad de la mayoría de caballos de este país: las hípicas.

He tenido la enorme suerte de poder moverme por distintos clubes, hípicas y yeguadas en los últimos años, y en todos ellos, reina la misma confusión: la búsqueda del entrenamiento perfecto (sea para doma, salto, western…), y en casi todos ellos predomina la ausencia de lo más básico e indispensable para un caballo: EL MOVIMIENTO CONTÍNUO.

Así que nos encontramos a la gran mayoría de propietarios enfrascados en el entrenamiento perfecto y el ejercicio ideal para conseguir tal o cual cosa, cuando lo más evidente y necesario para un caballo, lo tienen justo delante, y es además lo más accesible, sencillo de realizar y lo que más beneficios le aporta al caballo, pero lo dejan de lado.

“¿Y el entrenamiento no implica movimiento?”, estaréis diciendo muchos. Sin duda, pero esos entrenamientos se hacen bajo parámetros inadecuados. ¿Por qué? 

Porque el cuerpo no responde igual de bien al ejercicio concentrado en una hora si las otras 23 restantes se pasa inmóvil. Por lo general ese trabajo que el caballo hace en la hora que se le saca del box se va a hacer en su mayor parte al trote y al galope, es decir, se pasa de la inmovilidad absoluta de horas y horas en la cuadra al movimiento intenso durante una hora a un ritmo aeróbico alto. Si el caballo se pasa el resto del día totalmente quieto en su box, está claro que el ejercicio que ha hecho en esa hora en la pista siempre será mejor que permanecer en el box quieto por más tiempo, pero nunca le reportará los mismos beneficios que si el resto del tiempo el caballo pudiera moverse de algún modo, es más, con esta manera de entrenar un caballo, en la que se pasa de la inactividad durante horas a un trabajo intenso cardiovascularmente en una hora, lo más probable es que la lesión no tarde en aparecer. 

Hagamos una breve comparación:

En la naturaleza: predominancia de movimiento de baja intensidad (ritmo aeróbico muy bajo) + picos de alta intensidad (ritmo anaeróbico)

En las hípicas: ausencia total de un mínimo de movimiento de baja intensidad + un pico de una hora de ritmo aeróbico alto.

¿Qué ocurre con este modo de “entrenar” un caballo? Pues que nunca llega a ponerle en forma, nunca le hace más fuerte ni le beneficia, y lo único que consigue con la inactividad por un lado es deteriorar toda su salud, y con la horita clásica de “entrenamiento” a trote y galope, poco más que un agotamiento cardiovascular y muscular en general

Como es lógico, el cuerpo del caballo, por haber evolucionado durante miles de años para la vida en la naturaleza, responde mucho mejor ante el movimiento continuo de baja intensidad con picos de alta intensidad, que a la ausencia de movimiento con picos de intensidad media.

La cuestión que debemos tener en cuenta que el ejercicio que se hace con un caballo en una hora, aunque sea perfecto e impecable con su calentamiento y enfriamiento (que además rara vez esto es así), no puede revertir ni paliar los graves efectos de deterioro de la salud global del caballo que le produce el estar quieto en un box tantas horas a lo largo de la semana. Se sale del tema central de este artículo, pero creo importante nombrar otros problemas de salud enormes que sufren los caballos que pasan tantas horas en el box, y que se pueden resumir a lo siguiente:

Al no darles el sol, su cuerpo tiene enormes carencias de vitamina D, lo cual repercute en muchos otros problemas de salud, pero principalmente, en debilidad de huesos y articulaciones. La principal fuente de vitamina D de todos los animales del planeta, se produce con la toma del sol. Un caballo que no reciba varias horas al día de luz solar directa, tendrá carencias de vitamina D, y eso, es garantía de problemas.

Igualmente, al no estar expuesto a la luz del sol y sus distintas posiciones, el cuerpo del caballo carece del mecanismo principal de ayuda para regular su ritmo circadiano, por lo que su descanso estará desajustado y nunca será completo. Esto repercute en enormes problemas de salud global, pero sobre todo en daño cerebral, falta de recuperación de tejido muscular, fallos en el sistema endocrino, etc.

Otro de los graves problemas de la mayoría de cuadras, es la falta de oxígeno limpio. Los problemas pulmonares y respiratorios no paran de crecer en el mundo ecuestre, y es debido a la de horas y horas que pasan los caballos en los boxes sin respirar aire puro. Y no solo eso, sino que si las cuadras no tienen una higiene exquisita, la mezcla de cama húmeda con orín y estiércol segrega amoníaco que va penetrando por las vías respiratorias del caballo y que van mermando su capacidad pulmonar, y esto, mantenido en el tiempo, limita las capacidades de rendimiento del caballo como es lógico.

Y esto, en el caso de caballos afortunados que al menos sus propietarios van cuatro o cinco tardes a la semana a sacarlos del box. Aquellos pobres desgraciados caballos que se pasan los días sin salir del box, van sufriendo un deterioro físico y mental que en muchas ocasiones, será irreparable.

En el siguiente artículo hablaremos de qué clase de movimiento es el que nos interesa darle a nuestro caballo para que esté sano, aunque te adelanto, que es ni más ni menos, que aquel que incluya el máximo de estímulos que sean lo más parecido posible al que un caballo viviendo en libertad, encontraría en un entorno natural. Y eso, no es tan difícil como parece. En el próximo artículo te cuento cómo hacerlo y con un coste mínimo. Pero si de verdad quieres tener un caballo sano, debes priorizar sus necesidades de movimiento básicas, y después, ya podrás focalizarte en algún tipo de entrenamiento, que se ajuste a lo que el caballo pueda darte en ese momento y lo que quieras hacer con él. Pero si te saltas el paso del movimiento básico, y te vas directamente a por el entrenamiento, no te extrañe que más pronto que tarde tu caballo pase a engrosar las abundantes filas de los caballos lesionados. 

Si te interesa saber más sobre algunos de los asuntos mencionados en el artículo, puedes ampliar información con los artículos relacionados que publiqué en mi web e incluso descargarte una guía gratuita que te ayudará a evitar las lesiones en tu caballo:

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Entrenador de caballos
Especialista en forma física equina

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